21 feb 2007

Cambios de aire...

Aquí estoy, escribiendo esto que debería haber escrito, por lo menos, ayer. Inspiración al margen, espero que salga más o menos lo que me hubiera gustado que saliera cuando de verdad debí escribir. Cambios de aire. ¿Por qué? Pasaron cosas el lunes (19/2). Todo comenzó cuando salí a perseguir el micro (bus, camión), me sentí extrañamente asfixiado. Apuré el paso, no fue ni una cuadra, y mis pulmones parecieron colapsar. El micro me llevaría a la psicóloga (me analizo, agradezco, desde que tengo uso de la razón), donde traté temas estrictamente relacionados a mi futuro, y sobre todo, al compromiso conmigo mismo en el más amplio de los sentidos. Más adelante, programa de Radio Opción mediante, me fui a jugar al fútbol. En el camino, llovió a cántaros, gotas gigantes con rayos y truenos coronando uno de mis espectáculos naturales preferidos. Tristeza por no estar en el campo echa a un lado, me invadió (a mí y a mis amigos) la incertidumbre de saber si esa tormenta nos negaría el perseguir la frenética pelota como tontos, buscando vulnerar el arco rival. Llegados a la cancha (campo de fútbol), comprobamos que no sería impedimento. Una vez comenzado el partido, no tardé en darme cuenta que la línea de la tarde continuaba. O sea, corrí dos pasos locos, y mis pulmones dijeron que no daban abasto. ¿Qué me pasaba? Nunca pude lograr tener aire, incluso cuando me tocó entrar al arco. Ahí salía jugando, y ante el menor agite, mi pecho amenazaba con explotar. Cierta preocupación se apoderó de mí, incluso pensé en cuidarme, en frenar. Luego, finalmente, tras un poco más de una hora de juego, logré sentirme lleno de oxígeno, y así poder desarrollar mi habitual despligue físico (suelo correr mucho cada vez que juego). El partido superó apenas las dos horas de juego (generalmente jugamos una hora), mi equipo ganó con tranquilidad y suficiencia, y de hecho logramos enarbolar un fútbol de alto vuelo, que en definitiva nos permitió superar con creces a un rival que nos llevó la delantera en el resultado toda la primera mitad. Tomada la gaseosa post partido de rigor, llegué a mi casa para enterarme que era el cumpleaños de uno de mis mejores amigos de la vida. Totalmente en falta, me sentí extraño. Recibiendo sus potentes descargas de furia y decepción, no tuve opción que quedarme en mi casa, escribiendo así un tristemente célebre capítulo en esta historia que lleva 17 años. Al otro día me sentí renovado. ¿Habré cambiado el aire? La próxima vez que juegue les cuento...

1 comentario:

Razcolnicov dijo...

Me gusta tu estilo!

Sigue sigue, ke me encantan tus chokoaventuras XD


Abrazos desde México y MIMI ES UNA DULZURA!